Ya no se puede tolerar la tolerancia actual, tan distante de la virtud como tal y tan cercana al odiable significado contemporáneo.
Hermosa tolerancia, del escuchar al que es distinto, de ponerle atención respetuosamente al que contrapone mis ideas, discutir acaloradamente, con la pasión propia de la defensa de nuestras convicciones. Lidia intelectual que concluye con el comprender de la diversidad y el fortalecimiento de los planteamientos propios, es decir, jamás se transan los valores, los ideales y la ética propia, valga la redundancia.
Bastarda tolerancia en que la izquierda es derecha, la derecha es izquierda, el socialista se aburguesa y el gremialista es popular, el centro no existe, porque todos son centro, el azul es rojo, el rojo es azul, ambos llegaron al acuerdo que eran amarillos, y que la nada es todo y el todo es nada. Para este problema hagamos esto, pero yo sacaría aquello y agregaría lo otro, cedamos ambos para que nadie pelee, y cuando llegamos a puntos sensibles… terminamos, para seguir tan amigos y en paz como empezamos, es decir, todo quedo igual en una selva de insectos políticos miméticos, que nos enseñan que su democracia se basa en acuerdos, que hasta el día de hoy no erradican el hambre, el desempleo y el frío. Tan tolerantes son que las posturas radicales e intransable en sus enfoques sociales y reformistas no tienen cabida, solo porque saben que ellos jamás entraran a ese circo irresoluto, preconizado por los actuales poderes fácticos.
Tolerancia actual madre del descontento social, y el desagrado generalizado que provoca la clase política, sucia democracia plutocrática que tienes jueces y partes en las legislaciones macroeconómicas, cuanto sinvergüenza dirigen los destinos del país, sinvergüenza clase dominante en la elite política nacional, díscolos amagues de refundadores de un sistema manoseado por tanto corrupto e indiferente representante elegido a dedo por las dos inmensas maquinarias políticas actuales, que gracias a su sistema de elección se perpetuaran en el poder quizás hasta que nos destruyan la ultima esperanza, esa es su tolerancia, intolerar al que no es como ellos, y tolerarse con su “ contraparte” entre abrazos, apretones de manos y silenciosos juicios que venden sus propios ideales.
No dar cabida a las nuevas corrientes sociales, solo desgastara la convivencia ciudadana entre gobernantes y gobernados.Todo esta bajo control jurídico e institucional, solo hay que callar, sin descalificar de forma turbia como ellos lo hacen con cada alzamiento. Es cosa de tiempo y circunstancia para ver nacer la bendita intransigencia de ideales que dará justicia con distintos métodos pero con el mismo fin, se velara por el desvalido y no por cuidarle las espaldas a las oligarquías, que bien se saben defender solas, y no necesitan de maquinarias estatales para seguir enriqueciéndose.
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